Un vehículo eléctrico puede ser de dos tecnologías principales: los BEV (eléctricos de baterías) y los FCEV (de pila de combustible). Los vehículos eléctricos son muy simples y su motor se compone de pocas piezas. Son eficientes y transforma en movimiento más del 90% de la energía que consumen. El 10% de energía restante se pierde por el calor que desprenden las baterías, el transporte, las ruedas del vehículo y la transformación de la electricidad. Su eficiencia es mayor a la de cualquier auto convencional o híbrido.
Pero no solo consumen menos, además no contaminan. Al usar energías renovables las emisiones de contaminación son nulas. Pero la fabricación de las baterías existe cierto impacto ambiental aunque la posibilidad de su reciclaje es muy alto, ya que se puede recuperar el 100% de los materiales. La energía de las baterías de los eléctricos, por ahora proviene solamente de enchufes de la red eléctrica.
Partes del auto eléctrico
Puerto de carga que permite al auto recibir la electricidad del exterior. En ocasiones existe un segundo puerto de carga rápida.
Transformadores: son los encargados de transformar la electricidad de una toma de recarga en valores de tensión y amperaje válidos para el sistema de recarga. Además se encargan de la refrigeración que evita el riesgo de explosión o derrames.
Baterías: es el depósito del coche. En ocasiones existe una segunda batería auxiliar (al igual que en los coches convencionales) para sistemas de bajo consumo auxiliares.
Controladores: Se encargan del correcto funcionamiento por eficiencia y seguridad, regulando la energía que recibe o recarga el motor. Los autos eléctricos tienen una curva de par muy plana. Su rendimiento es muy bueno, en especial a bajas revoluciones. El ruido que producen es casi nulo y no producen vibraciones. Lo mejor es que apenas necesitan mantenimiento de ningún tipo.
Al contrario de los autos convencionales, los eléctricos no necesitan embrague, ya que empujan desde 0 RPM sin problema. Al ser motores progresivos tampoco precisan de caja de cambios, como mucho existen dos relaciones de transmisión.
Lo mejor de los coches eléctricos es su facilidad de carga, simplemente hay que enchufarlos y listo. El tiempo de este proceso es muy variable, y puede durar desde minutos a horas. Depende además del voltaje y amperaje, ya que, por ejemplo, una toma doméstica no puede admitir una carga demasiado rápida. Durante todo el proceso de carga, la batería se mantiene a una temperatura estable gracias a un sistema de ventilación integrado.
Como casi toda batería, cuanto más vacía esté, más rápido se carga y cuanto más llena más le cuesta este proceso. De esta forma, la primera mitad de carga es muy rápida frente a la otra mitad que tarda un poco más.
Igual que las computadoras, si el vehículo no se utiliza en unos días, pierde algo de carga por limitaciones electroquímicas. Si hace frío este proceso de pérdida es mayor. Eso sí, al contrario de las baterías tradicionales, lo bueno es que en automoción, las baterías no sufren efecto memoria, conservando siempre el 100% de su capacidad.

¿De qué están hechas las baterías?
En un principio, las baterías de los coches eléctricos eran de plomo-ácido ahora son de níquel, y es probable que el futuro sean de litio.
Lo malo de las baterías de plomo-ácido es su pesadez y tamaño frente a su poca potencia. Por su parte, las de litio son perfectas pero muy caras. De hecho, si los coches eléctricos son más caros es precisamente por lo costoso de las baterías. Pasará un tiempo hasta que, como toda tecnología, se abaraten para poder llegar al consumidor medio.